Epístolas del más allá por Harpo canalmenorca.com

1- ¡ARRIBA EL TELÓN! por Harpo

No lo pasamos mal por aquí en el +ALLÁ, no. Tenemos actrices, políticos, músicos, hackers, cómicos, fontaneros, bailarinas, dentistas, cabos furrieles con mando en plaza… hay de todo, como en botica. Ahora mismo, mientras estoy peleando con el LOTUS WORD-PRO/96, mi hermano GROUCHO cena con RITA HAYWORTH a la luz de dos velas. Está claro que él pretendía otro tipo de cita; una de esas que termina con uno en tendido supino y no precisamente haciendo abdominales, y el otro encima sudando, emitiendo gemidos y diciendo memeces en voz baja, pero siempre le sale mal con RITA. Además, cómo no es GLENN FORD, no le queda ni el consuelo de darle una bofetada. Mi otro hermano, CHICO, se está jugando al billar los veinte pavos que le presté esta mañana. El resto, GUMMO y ZEPPO, están perdidos entre nubes, o simplemente no están.

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               Cansado ya de ser mudo en la otra vida, sin guión alguno que llevarme a la boca, decidí que había llegado la hora de hablar claro. Dispuesto y entrenado, me dirigí a SAN PEDRO, que controla las entradas y salidas por aquí arriba. De rodillas y utilizando el argumento de los Padrenuestros, Avemarías y Salves que recé y canté en mi juventud, sin mencionar las flores que llevé a María en Mayo, solicité licencia para pedir un Portátil por correspondencia. Gracia que me fue concedida tras largas consultas con el Santoral de guardia al completo, en comisión especial. No tenía ni idea de ordenadores, pero con la ayuda de SANTA TECLA y los sabios consejos de un emperador romano llamado PENTIUM o algo así, conseguí dar los primeros pasos recordando mis tiempos de parvulito, aunque sin bata a rayas ni candelas resbalando por las narices. Siento un gran respeto por el mar; no es de extrañar, por tanto, que en mis comienzos no me alejara mucho de la orilla, pero las ansias por aprender a navegar -entre naufragio y naufragio- me iban a llevar a buen puerto. Al menos eso pensaba yo. 

               Cierto día, estaba tan tranquilo machacando el teclado, cuando escuché detrás mío la grave voz de HUMPHREY BOGART: 

               – Ves al Club, Harpo… 

               No me pareció raro, Humphrey se pasa todo el día allí esperando a INGRID e intentando que SAM, el pianista, toque esa dichosa canción otra vez. Casi sin darme cuenta, mis dedos americanos escribieron go.to/elclub en el lugar adecuado. Una extraña página apareció frente a mi rostro… estaba ubicada en Menorca. ¿Menorca?… ¿dónde está eso?… debe ser un sitio pequeño… «menor » -pensé-. Me encontraba aturdido, ensimismado… más bien no me encontraba… HUMPHREY volvió al ataque:

            – Harpo, querido…. pica aquí… donde pone»Chat elclub» 

          -¿Aquí?… pero Humphrey, yo sólo conozco el Châteaubriand, Chattanooga Choo-Choo, Château Petrus, y si me aprietas mucho, el chat-o de vino peleón… 

               Con sus férreas instrucciones -él practicó mucho en Cayo Largo- conseguí introducirme en la room de elclub. Por cierto, ¿quién tiró la piel de plátano al suelo aquel fatídico día? Tras unos breves escarceos entrando, resbalando y saliendo -jodía piel de plátano- conseguí empleo fijo por unos minutos. La gente me decía que me bajara no sé qué… Fíjate tú, ¡qué mala leche!… ¡Bajar!… si yo estoy arriba del todo, en el +ALLÁ. Será subir, digo yo… No hubo manera, volví a la Portada con el rabo entre las piernas y una sensación de inútil/no-operativo en lo más tierno de mi ego. «CARETOS», eso me llamó la atención, así que hice click sobre un nombre escogido al azar… «LOLA» … 

               – ¡Wow!, ¡what a glorious body!. Esta debe ser la Carta de los postres… Vaya, vaya… ¿dónde habrá dejado la toalla? 

               Lo pensé al tiempo que mi mano izquierda sujetaba fuertemente el Portátil para que ella no escapara nadando, y con la diestra buscaba la bocina entre los harapos que llevaba puestos para interpretar una emoción in-crescendo. No se le ve la cara, ciertamente, aunque tampoco es imprescindible… 

              – ¡Moc!, ¡Moc!… -proclamé-. 

              – Eso, querido Harpo, es una chica en tanga…vista desde atrás. 

              – Me sorprendes, Humphrey, ¿cómo lo has adivinado? 

              – Déjalo, muchacho, vuelvo al Club… tengo ganas de escuchar «As time goes by» otra vez… sigue, sigue… esto promete… 

               Superada la primera impresión, busqué otro nombre entre la lista… «MARTA»… 

              – ¡Oooh!, ¡qué bo-ni-to!, ¡qué bo-ni-to!… 

              Al oír mis exclamaciones, ELVIS -en pleno tratamiento adelgazante- se acercó y comenzó a cantarme «Don’t be cruel». Una ola entusiasta , riojana de Logroño, embriagó todo mi ser, y las carreteras mentales sufrieron un colapso circulatorio cuando mis ojos se fijaron en lo que hay que fijarse, es decir: en los Picos de Europa y el Triángulo de las Bermudas. Automáticamente, giré la cabeza y grité: 

             – ¡San BAR-TOLO!, un bocadillo de almejas y un par de melocotones… 

             ¡My good!… ¿en qué estaría yo pensando? Disculpen el atrevimiento comestible, pero debo admitir que el color blanco siempre me abre el apetito. 

             Total, desde esta experiencia, mis progresos en Internet se han estancado. No avanzo nada. Me paso el día de foto a foto y tiro porque me toca, comiendo bocadillos y melocotones. En fin, que he engordado doce kilos y sueño con ellas a diario; por eso he tomado la decisión de pedir hora a SIGMUND FREUD, que aunque cobre caras las consultas, tiene una Chaise- Longe estilo Imperio de lo más cómodo; ideal para la siesta en solitario y el desenganche fotográfico.

Por Harpo, desde el más allá.
Texto publicado a finales del siglo XX en la famosa página, allende los mares, de EL CLUB de Menorca en www.go.to/elclub (actualmente gotoelclub.com y/o canalmenorca.com)

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